viernes, 15 de febrero de 2013

Daikichi Amano



















Daikichi Amano es un fotógrafo japonés cuya obra se encuentra a medio camino entre la expresión artística y la más bizarra transgresión visual. Nacido en Tokio, donde vive y trabaja actualmente, en 1973, se ha convertido en uno de los más excitantes nuevos artistas visuales que trabajan en el Japón de hoy, ganándose un reconocimiento de culto internacionalmente. Basándose en la iconografía y la mitología, Amano crea guerreros salvajes, monstruos marinos y sirenas devoradoras, que evoca dramáticos temores y deseos oscuros, dando vida a los personajes de las imágenes impresas en madera de los Shunga (erotismo japonés) tradicionales.

 Amano es director, productor, editor, fotógrafo, columnista y pornógrafo. Con la ayuda de su estudio, Genki-Genki, que significa “sentirse bien”, Amano se opone a la línea conceptual entre el arte y la pornografía, y continuamente oculta esta brecha para las futuras generaciones. Una de las características de este artista es el uso de cefalópodos, insectos y otros animales marinos para sus fotografías. Las estrictas normas de censura japonesa que no permiten fotografiar los genitales masculinos ni femeninos, hacen de este recurso un macabro fetiche con el que envuelve a sus personajes (tentáculos en sustitución de sendos penes). Todo ello añade más leyenda a su autor, como la de que se come (el y todo el equipo) los animales que usa para sus sesiones fotográficas para evitar el maltrato animal con los desperdicios.

 Amano se describe a si mismo como “La moderna reencarnación de Katsushika Hokusai“. sus fotografías son extraídas de sus propias fantasías privadas, unas fantasías que si bien en un principio nos pueden resultar repelentes y excesivas, en realidad no  son sino la evocación de los temores y deseos primigenios del hombre. En las imágenes de Amano, el cuerpo humano no es sólo venerado y admirado por su impresionante belleza, sino también en su existencia deformada y fusionada con la naturaleza – con la madera, la sangre, los huesos, las escamas y las plumas – en una metamorfosis que híbrida lo erótico con lo grotesco.

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